Describió alguien una vez el sonido del “Deserter´s songs” de Mercury Rev como el disco que tan solo hubiese podido componer el genial pianista Cole Porter de haberse pegado un buen día un atracón de tripis descomunal.

Léase ahora con mucho detenimiento el texto que ofrecemos en la imagen inicial del post e inténtese sacar una conclusión meridianamente clara antes de concluir la lectura de este nuevo artículo del blog.

El texto, extraído del suplemento “Negocios” del diario El País, corresponde a la edición del domingo 8 de octubre de 2013, y pone en valor, tal y como se puede deducir a partir de su titular, que Rajoy logró reducir en cuatro centésimas el déficit público español respecto al conseguido por Zapatero justo el año anterior (5,23% Rajoy en 2012, versus 5,27% Zapatero en 2011).

Pero no hemos estado escribiendo en este blog de economía -una semana sí y otra también- sobre el déficit público español (poniendo a la entera disposición del lector una sección específica sobre dicha temática en la columna lateral derecha del blog) para dejar pasar por alto ahora la ocasión que nos brinda la publicación de esta psicodélica información.

Empecemos dejando en un segundo plano la cuestión de la veracidad para acercarnos más a asuntos como el de la deseabilidad de alcanzar una determinada meta o resultado.

No es que nos parezca mal que tras haber empleado un determinado enfoque concreto o parcial se haya llegado a la conclusión de que Rajoy lograra mejorar el resultado alcanzado por el presidente anterior. No. Nuestra única pretensión es recapitular y volver al origen inicial de la cuestión.

En cualquier caso, aceptemos, no obstante, la dudosa veracidad contenida en el mencionado titular y concedámosle a Rajoy el inefable mérito de haber conseguido la reducción del déficit público español, con simultaneidad al decrecimiento del PIB de la economía española bajo su primer año de gestión (-1,6%).

Como ya hemos apuntado en alguna ocasión con anterioridad, el conocimiento de este dato adicional contradiría la compatibilidad lógica y teórica de ambas variables económicas con total rotundidad, ya que la evolución natural hacia un déficit del 5,23% con un decrecimiento del PIB del 1,6%, resulta absolutamente inexplicable desde un déficit del 5,27% logrado con un 0,1% de crecimiento económico en el ejercicio inmediatamente anterior.

Ahora bien, yendo todavía un paso más allá, preguntémonos en qué benefició dicha supuesta reducción del déficit a la situación económica de la sociedad en general, es decir, planteémonos el importantísimo “para qué”. ¿Acaso sirvió para frenar el incremento espectacular de la deuda pública del Estado? Vaya, parece que no, y para ello tan sólo basta ojear también la sección de “deuda pública” incluida en el apartado lateral del blog.

Si la reducción del déficit público español no sirvió para frenar el peligroso aumento relativo de la deuda pública sobre la producción -que como cualquiera sabrá, va camino de alcanzar en la actualidad el entorno del 100% del PIB– y tampoco sirvió para mejorar los servicios públicos ofrecidos a la ciudadanía y a la sociedad general, ¿acaso sirvió para reducir la tasa de desempleados? Vaya, tampoco. ¿Cuál sería entonces el mérito que deberíamos atribuir a la consecución de la victoria de Mariano Rajoy frente al presidente anterior?

Terminemos ya por analizar solamente una de las líneas de la información ofrecida en la fotografía de la noticia incluida en el post: “Rajoy renegoció el 2,8% del Gobierno central para que fuera un 3,5%, y luego logró un punto extra,…”

Parece que Rajoy tuvo en relación al objetivo de déficit público español cierta capacidad de negociación. ¿Ante quién? Tal vez eso sería preguntar demasiado, y lo peor: podría hacer saltar por los aires el ejercicio de compresión realizado por el autor de la información.

Imaginemos que fue ante la Unión Europea. ¿Cabe imaginar, también, que Rajoy hubiese tenido (y tenga) cierta capacidad de negociación en relación a los objetivos inmediatos de PIB y desempleo español?

Evidentemente, algunos blogs de economía no se pueden explicar con palabras.