Artículo escrito por Helena Niño
Internet es hoy en día nuestro hábitat natural. Por mucho que nos levantemos cada mañana en un confortable mundo tridimensional-real, sólo unos minutos después de saltar de la cama ya nos estamos dejando absorber por la última generación de alguna app para nuestro WhatsApp, iPhone, iPad, XBOX, MacBook Air o Kindle.
De esta manera virtual, nos pasamos el día leyendo el periódico, viendo las noticias, haciendo la compra, escuchando música, leyendo alguna novedad editorial o incluso a veces, cuando no hay nada nuevo en Facebook o ya hemos hecho la compra navideña en el Animal Crossing, hasta trabajando; y sólo volvemos a la realidad tangible para imperativos categóricos como comer o ir al baño.
El que nuestra vida se haya trasladado al otro lado de una pantalla LED nos empuja a buscar alternativas bancarias a las tradicionales (bitcoins) que nos permitan poder manejar allí donde nuestros píxeles nos lleven, nuestro capital, de una manera cómoda y segura.
Así, la banca tradicional, se queda pasmada al ver que al otro lado de la interfaz digital se están abriendo nuevas sucursales en tierra de matrix que nada tienen que ver con sus políticas caducas demasiado rígidas y poco rentables para los inversores actuales, desconfiados y resentidos, por su controvertida gestión de la crisis.
El año cero (en el que la realidad virtual superó la ficción) fue el 2009, en el que un desarrollador/es bajo el pseudónimo de “Satoshi Nakamoto”, pusieron la guinda final a su divisa digital criptográfica y llenaron la red de monedas virtuales conocidas como “bitcoins”.
Esta economía digital se basa en el sistema P2P (peer to peer) que permite compartir información entre dos ordenadores personales de manera descentralizada (sin necesidad de servidores intermediarios), a través de un sistema de “prueba de trabajo” que permite verificar la autenticidad de las transacciones y mantener la independencia de organismos oficiales.
A favor:
1. En las transacciones, no tenemos que revelar información sensible como números de tarjeta de crédito o cuentas bancarias, como en las operaciones actuales, por lo que el riesgo de robo de datos es menor.
2. Son operaciones que no generan costes, ya que no hay gastos en intermediarios.
3. Puede ser una inversión muy rentable y rápida si la haces en un buen momento. Los hermanos Winklevoss, son un buen ejemplo, ya que se han hecho de oro invirtiendo la indemnización que recibieron de Mark Zuckerberg, en monedas virtuales.
4. Permite a sus usuarios, con conocimientos informáticos, hacerse con monedas extra si colaboran en las tareas de control de operaciones de otros usuarios y en el mantenimiento del sistema.
5. Es igual de fácil enviar dinero que recibirlo (en la banca tradicional es más fácil enviarlo) lo que facilita la creación de nuevos negocios y tiendas online.
En contra:
1. Se recomienda un conocimiento informático por lo menos medio que permita al usuario tener blindadas las conexiones a internet, ya que proliferan los hackers dedicados al robo de claves de usuario para auto-transferirse capitales.
2. El no haber bancos centrales, ni apoyo gubernamental es una falta de garantía que deja desamparado al usuario en caso de fraude, robo…
3. Su valor es bastante inestable. Fluctúa según la demanda de usuarios en la red por lo que reporta mucho riesgo en las operaciones porque uno nunca sabe cuándo se va a desinflar la burbuja (el valor de una sola bitcoin puede pasar de 1000 dólares a 10 dólares en cuestión de minutos).
4. Por el momento, en España, sólo algunas empresas con redes sólidas de venta online las acepta (Zara, 9Flats) y hay muy poca cobertura de esta moneda a pie de calle, ya que sólo existe un cajero, en Canadá, donde se pueda cambiar moneda de curso legar por bitcoins.
5. Despierta desconfianza allí donde va, porque la sombra de su posible uso para blanqueo de capitales es alargada.
Sólo el tiempo nos dirá si las bitcoins han venido para quedarse.
Hoy mismo he leído un artículo en el Heraldo de Aragón sobre este mismo tema.
Es muy interesante que se divulguen sus pros y sus contras.
Sí,cada vez se habla más en los medios del Bitcoin, lo que está sin duda favoreciendo su popularidad y la información que resulta necesaria obtener si su uso se extiende de un modo más general.