Tener deudas es una desagradable situación en la que nadie nos queremos ver envueltos, pero por desgracia, nos encontramos en un momento social en el que ninguno podemos sentirnos con la seguridad de que en ningún momento, una mala gestión nos deje en la estacada y tengamos que vernos en unas peores: caso de los embargos.

Es en estos instantes donde no conviene perder la calma ya que, según como gestionemos una situación que ya no suena tan anormal en esta sociedad, saldremos mejor o peor parados de ella.

Ante todo mucha calma

Un embargo no significa ni la bancarrota, ni la ruina ni el fin de un estatus, sino tener que realizar recortes, por lo que lo primero que debemos hacer llegado el caso es estudiar y determinar la situación.

¿Cuánta cantidad de dinero debo?, ¿Tengo posibilidades de renegociar la deuda?, ¿El embargo es inminente o dispongo de plazo?, ¿Qué bienes entran en juego y cuáles puedo salvar?, ¿Puedo prescindir de ellos? La analítica y la frialdad a la hora de enfrentarse a una situación como un embargo son vitales. Entrar en un callejón sin salida es fruto de la terquedad e incapacidad de reacción. Por ello pararse a buscar posibles acciones es el primer paso.

No eludir nunca nuestras obligaciones

Lo último que se nos puede pasar por la cabeza debe ser el tomar acciones llevadas por la desesperación. Una de estas decisiones puede ser la de realizar transferencias a otras cuentas de nuestro capital ante el miedo de que perdamos nuestra liquidez.

Ante un embargo lo primero que se comprueba son las cuentas corrientes del embargado, y éste jamás perderá su liquidez mediante la protección del sueldo mínimo interprofesional. Es por ello por lo que un intento de evasión de capital puede resultar un remedio peor que la enfermedad. Esta acción está tipificada como alzamiento de bienes y constituye un importante delito fiscal que conlleva la cárcel. De un embargo es relativamente fácil recuperarse, pero de entrar a prisión…

Ganar tiempo para evitar la pérdida de capitales

El embargo de bienes se produce ante la imposibilidad de realizar el pago de una deuda contraída. En la gran mayoría de ocasiones, el impositor de la deuda no está interesado en que el deudor responda ante la falta de liquidez con sus bienes, ya que al fin y al cabo lo que pretende es obtener capital de la forma más cómoda, de forma líquida y sin intermediarios: apura tus opciones, presenta un plan financiero fiable y renegocia las condiciones. El tiempo es tu mejor capital en este momento.

Si por nosotros mismos no somos capaces de obtener liquidez inmediata, acude a familiares o a entidades de actividad financiera: que un banco amenace con embargo no significa que no tengas posibilidades en el entorno de las entidades financieras: existen productos que se adaptan a necesidades exactas como los diferentes tipos de préstamos hipotecarios que son la mejor solución para salir de un bache.

En definitiva son dos las claves para afrontar un embargo: analítica y tiempo. Analítica para buscar y sopesar la mejor solución, planificar una salida beneficiosa para ambas partes, y tiempo  para ejecutar la vía encontrada para ello. No obstante en cualquier caso la ayuda de expertos y del entorno es igual de importante, por lo que no dudes en solicitarla.