Fue hace tan sólo unas semanas, o quizá ya meses, cuando en este blog se publicó un artículo – por cierto, extraordinario- que describía de un modo muy gráfico la progresiva relevancia que habían ido adquiriendo los créditos dudosos de las actividades inmobiliarias en el total de los créditos dudosos acumulados por la maltrecha economía española.
Según podía apreciarse hacia el penúltimo trimestre del año 2012, el importe de dichos créditos dudosos llegó a rozar la cifra de los 85.000 millones de euros, una cifra representativa de, aproximadamente, la mitad del importe total de los créditos dudosos del sistema financiero español.
Asimismo, en dicho mismo artículo también podía observarse cómo la inyección del fondo de rescate de la Eurozona realizada en diciembre de 2012 había influido, más que significativamente, en la fuerte contracción experimentada por los créditos dudosos del sector inmobiliario español, contracción que, gracias a la intermediación de la SAREB, devolvió de golpe y plumazo el nivel de estos créditos a los 65.000 millones de euros.
De igual forma, el importe total de los créditos dudosos de la economía española se redujo hasta los 167.468 millones de euros, tal y como se puede apreciar en el gráfico inicial.
En otro orden de circunstancias, un segundo artículo escrito en este mismo blog hace tan sólo unos días, o quizá semanas, quién sabe, fue titulado irónicamente “La altura de las circunstancias” ya que, al parecer, la solución al misterioso enigma por el que el nivel de crédito financiero en circulación había menguado incesablemente durante el último año parecía ser propiedad única y exclusivamente intelectual de unos tipos situados a la altura de unas determinadas circunstancias.
Transcurridas ya todas esas semanas, días, años, meses…o lo que demonios sean todos esos intervalos de tiempo a los que se ha hecho referencia en este post, el hecho fundamental por el que se ha redactado uno nuevo en esta ocasión corresponde, por desgracia, a la recurrente senda creciente que vuelve a tomar insistentemente la cifra del pegajoso crédito dudoso del sistema financiero español.
Superados ya los efectos del “no rescate” de las entidades financieras nacionalizadas, este nuevo y renaciente ascenso del crédito dudoso español bien podría responder a la actitud y a la insistencia del mismísimo Sísifo, obstinado en empujar la enorme piedra de la crisis española y mundial por la vertiente de unas circunstancias que algunos querrían no reconocer jamás.