Hemos tratado con cierta frecuencia en este blog de economía el tema del desempleo. Pero no para recitar de memoria los datos trimestrales de la EPA (Encuesta de Población Activa), sino para tratar de aportar una visión original, reveladora y diferente a las demás.

En los últimos meses, hemos elaborado desde un ranking mundial de desempleo (¿qué país lo lidera, por cierto?) hasta un análisis europeo del trabajo temporal.

Nos hemos hecho preguntas como, “¿Qué país de la economía europea ha sido el único en conseguir aumentar su ratio de trabajadores por parado en la peor fase de la crisis financiera?, de la misma manera por la que tampoco hemos olvidado abordar y cuestionar el estrepitoso nivel de paro juvenil actual.

En esta nueva ocasión hemos querido centrarnos en el desempleo de larga duración, es decir, en aquél que engloba a los parados que se encuentran en situación de búsqueda de empleo activa desde hace al menos un año.

Tal y como se puede observar en la tabla inicial, Grecia registró a diciembre de 2012 un 17% de desempleo de larga duración en su mercado laboral, situándose justo por delante de España (12%) como el país de la Zona euro en el que el paro de larga duración representó el mayor porcentaje sobre su población activa.

En relación al número de desempleados total, la cuantía del paro heleno de larga duración se cifró en un 64%, mientras que en España dicho porcentaje se cuantificó en un nivel inferior, el 47%. De esta manera, el desempleo español de larga duración ascendió a 2,8 millones de personas, una cifra superior, por poner un ejemplo, a la de la totalidad del paro alemán (2,3 millones).

En el extremo opuesto, el desempleo de larga duración solo alcanzó el 1% de la población activa de Austria. Y tan solo el 2% en Finlandia, Holanda, Luxemburgo y Alemania.

De hecho, en Finlandia el porcentaje de los parados de larga duración tan sólo representó el 20,6% de los parados totales.

Una cuantía superior consignaron Holanda (33,3%), Luxemburgo (34,8%) y Alemania (42,7%), país, este último, en el que el “long-term unemployment” se cifró, por consiguiente, en un número inferior al millón (978.000 personas).