Hace unos días se publicó el quinto informe de evaluación del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) y las conclusiones fueron las previstas.

La tendencia mantenida por las emisiones mundiales de CO2 continúa al alza a pesar del conjunto de medidas implementadas durante los últimos años.

Según dicho informe, el ritmo de los incrementos interanuales observados durante la primera década del siglo XXI (1 giga tonelada extra de CO2 a sumar cada nuevo año sobre la cifra registrada el año anterior) duplica los aumentos medios anotados desde 1970 hasta 2000 (0,4 giga toneladas de incremento interanual).

La última crisis económica mundial tan solo provocó en 2009 una disminución interanual (ver segundo gráfico) en las emisiones de CO2 derivadas de la combustión fósil (petróleo, carbón, gas).

Pero precisamente un año después, en 2010, se produjo el mayor incremento interanual desde 1976, con una tasa positiva del 5,3%.

Incrementos Emisiones CO2. Años 1972 - 2011

Desde el año 1972, tan solo se han registrado seis ocasiones en las que las emisiones mundiales de CO2 derivadas de la combustión fósil han sido inferiores respecto al año anterior (en 1974, 1980, 1981, 1982, 1992 y 2009), según datos de la IEA.

Y hay que recordar que las emisiones de CO2  provocadas por el empleo del petróleo, el carbón y el gas suponen, aproximadamente, dos tercios de las emisiones totales de CO2 en el mundo (que en el año 2010 fueron 49 giga toneladas).

En 1971 este tipo de emisiones se cifró en 14,7 giga toneladas, mientras que en la actualidad (año 2011) asciende hasta las 31,3, es decir, más del doble.

Por combustibles fósiles, la contribución del carbón a las emisiones de CO2 se eleva hasta el 44%, por encima del 35% correspondiente al petróleo y el 20% del gas. Dado que hace unos años era el petróleo el tipo de combustible fósil que más peso tenía en la generación de CO2, es evidente que se ha producido una reciente reintensificación en el uso del carbón, con la consabida consecuencia en materia climática, puesto que tanto el carbón como el petróleo se integran en tecnologías contaminantes (a diferencia de las asociadas a las energías renovables como la eólica o la solar)

Otra muestra más de que el aspecto económico continúa primando sobre el medioambiental en el panorama energético internacional.