Se dice que uno escribe para las arañas cuando introduce en el texto determinados elementos que buscan mejorar el posicionamiento web.

Algo así no se hace por placer. Se hace como se ofrece un jugoso chuletón al inamistoso perro guardián que protege la mansión.

La gente que escribe para las arañas no es tan extraña. Simplemente, no tiene más remedio que hacerlo.

Es la tiranía que ejercen los robots, el triunfo de la lógica artificial sobre la natural.

Su diseño y su estructura se pueden analizar. Eso sí.

Y valorar también su finalidad moral. ¿Por qué no?

Si, como hemos visto, hay escritores que escriben para las arañas, también hay políticos que gobiernan para las arañas. Se abre entonces una lista de cuestiones como:

¿Para quién produce el capital?
¿Para quién se ha diseñado el rescate de España?
¿Para quién divulgan las corrientes de opinión los medios de comunicación?
¿Para quién controla la inflación el Banco Central Europeo?
¿Para quién se ha diseñado la política económica actual?
¿Para quién publica los datos el INE?
¿Para quién realiza sus funciones el Banco de España, el Fondo Monetario Internacional, la OMC o el Banco Mundial?

¿Acaso seremos todos arañas? ¿Pequeños robots con un enorme poder para asimilar y conformar la realidad de una forma tiránica, esquemática y vulgar?