Justo en los días previos -no posteriores-  a la decisión del COI que excluía a Madrid como la futura sede olímpica de los JJ.OO. del año 2020, el máximo cargo público gubernamental de la economía española, Luis de Guindos, manifestaba: “En última instancia lo que supone es una especie de espaldarazo de todas las reformas, de todas las actuaciones del gobierno”.

Y aunque pudiera haberse equivocado el señor Ministro en el tiempo gramatical que empleó –que equivocarse, se equivocó-, lo cierto es que de Guindos desveló en dicha declaración que no se dirigía exclusivamente a un público español, sino a una audiencia ubicada mucho más allá de las coordenadas de la Plaza Mayor.

No sólo hizo una peculiar mención a la “economía espanola” – española, sin “eñe”- sino que también previno de la posible conversión del espaldarazo en dolor: “si no se consigue, de cualquier forma, también estoy convencido de que continuaremos con ellas”. Con las reformas, quería decir.

De Guindos y los actuales planificadores de la economía española continúan pensando, sin embargo, que el espaldarazo definitivo llegará, precisamente porque no piensan renunciar a experimentar con ningún tipo de límite relacionado con el dolor.

Y si un ansiado espaldarazo se esfuma o acaba por evaporarse sin explicación, inmediatamente van a surgir tres más: Morgan Stanley, Funcas y la OCDE. Sus responsables dicen que la economía española pronto volverá a crecer. Que gracias al comportamiento de las exportaciones la contracción para este año tan sólo será del -1,2% (frente al -1,5% de la estimación anterior) y que la previsión de la tasa de paro para 2013 bajará una décima, del 26,5% al 26,4%. Espectacular.

Así, según Funcas, la economía española crecerá un 1% en 2014, apoyada en una tasa de desempleo estimada en el 25,8% y una contracción del número de empleos del 0,4%, con cifras de la Contabilidad Nacional. A este paso, será mejor ni imaginar la cantidad de espaldarazos que nos van a dar.