A casi ningún ciudadano español podría hacerle gracia en un día como hoy -el de la publicación de la Encuesta de Población Activa correspondiente al primer trimestre del año  2013- la absurda imaginación del mismísimo presidente de la nación convertido en un enloquecido lobo cuya principal y única obsesión consiste en girar y girar interminablemente alrededor de lo que constituiría la inocente y peluda extremidad de su columna vertebral.

Siendo ésta una ensoñación no tan distante de una realidad no tan distante de una ensoñación, esta metafórica e interminable persecución de un objetivo tan cercano como imposible, encarna el más equivocado destino final que cualquier máximo representante de la política y la economía nacional debería hoy, por otro lado, ser capaz de imaginar.

Generando este desmemoriado y negligente camino español a la perdición una cifra que sobrepasa los seis millones de parados constatados, los efectos de esta conducta rematadamente circular va incluso más allá de esa acotada y cifrada realidad, al darse hoy también por suficientemente probado que la población activa española hace ya más de cuatro años que se encuentra estancada y sin ninguna posibilidad de evolucionar, circunstancia por la que de esta manera se debería tener en cuenta una bolsa de desempleados latente y adicional que aún estaría por cifrar. Dejémoslo en X.

Así, los últimos datos de la EPA vuelven a demostrar lo bien que saben todos los ministros y funcionarios de las carteras de Trabajo, Hacienda, Industria o Economía poner en práctica sus extraordinarias dotes técnicas para el obstinado, egoísta e inútil arte de no hacer otra cosa más que “girar”, tal vez en torno a la conservación de un instinto o una satisfacción individual, o peor si es en torno a la de los intereses de cualquier grupo de presión institucional al que le importe un pimiento el bienestar de cualquier ciudadano y/o desempleado del actual panorama socio-económico y laboral.

Sin embargo, como consecuencia de todo lo anteriormente explicado, existe un dato situado por encima del 50% del conjunto de los parados, que o busca su primer empleo, o hace ya más de un año que no consigue volver a trabajar, constatándose para esta variable una evolución que desde el año 2008 -cuando hasta un 34% de los desempleados ya se encontraba plenamente inmovilizado en cualquiera de uno de esos dos atascos del mercado laboralcontinúa ascendiendo trimestre a trimestre sin que para nada pueda preverse que vaya a representar una trayectoria de “va y ven” típica y general.

Desde finales de 2007, además, el número de parados de España ha ido aumentando año a año desde los casi 2 millones de desempleados, pasando por los 3,2 registrados al término de 2008, los 4,3 a la finalización de 2009, 4,7 a la de 2010, 5,3 al término de 2011 y hasta 6 millones de parados cifrados a la conclusión de 2012.

Afortunadamente, la cada vez más voluminosa cifra que con el paso del tiempo representa la suma del conjunto de los desempleados del territorio español -por mucho que se revolucionen los actuales ministros del gobierno de la nación con falsos argumentos de lo que no es más que eso, una falsa revolución– está comenzando a darse cuenta de que el paisaje por el que una y otra vez se ve forzada a pasar va adquiriendo para ella un tono cada vez más agradable y familiar.

Enhorabuena, representa el primer paso que hay que dar para agrietar las paredes de tan claustrofóbica e impositiva espiral.