Se han vertido ya ríos enteros de tinta en todos los blogs – menos en éste – explicando que el crédito es la sangre de la economía, la materia prima sin la cual no es posible la vida. Los economistas están de acuerdo en que es así, e incluso los políticos lo reconocen. Para crecer económicamente se necesita más sangre, más dinero, más financiación. ¿Para qué? Obviamente, para que haya más empleo, más consumo y más y mejores servicios públicos.

Pero si esta lección fuese tan fácil de entender, ¿no sería una absurdidad que durante más de cinco años de crisis económica nadie hubiera sido capaz de realizar una intervención eficaz en el debilitado y enfermizo flujo sanguíneo español?

Tal y como se puede observar en el gráfico inicial, el crédito total concedido por las entidades financieras españolas, según datos del Banco de España, comenzó a ralentizar su ritmo de crecimiento trimestral a partir del segundo semestre de 2005.

Así, el incremento crediticio del 10% experimentado en junio de 2005 dio comienzo a una trayectoria sucesivamente decreciente – aunque positiva- que concluyó a finales de 2008. A pesar de todo, durante este intervalo de tiempo el nivel de crédito concedido ascendió desde los 1,1 billones de euros hasta los 1,9 billones.

Sin embargo, a partir de 2009 aquel ritmo decreciente pero positivo del flujo crediticio no sólo cesó sino que se estancó y, en consecuencia, abandonó su principal función como proveedor sanguíneo del sistema económico circulatorio español.

Con el paso del tiempo la situación no mejoró; 2012 fue el peor ejercicio de los últimos años, registrando contracciones crediticias de mayor intensidad  que en ningún otro ejercicio (hasta del 6% en el último trimestre).

Como resultado de la evolución del crédito desde 2009 hasta 2012, el nivel de financiación concedido retrocedió desde los 1,9 billones de euros hasta los 1,6 billones.

Ahora bien, conocido el discurso (“el organismo necesita sangre para vivir”) y conocida la información (“desde 2009 hay menos sangre y 2012 ha experimentado la mayor pérdida sanguínea de todos los años”), ¿debería conocerse la solución?

¿Qué papel estaría jugando en esta envenenada evolución, el sistema financiero español, el presidente del Gobierno español, o incluso instituciones de carácter internacional como el Banco Central Europeo o el Fondo Monetario Internacional?

Siempre hay quien piensa, sin embargo, que el acertijo tiene solución y el presidente del gobierno español pareció tenerlo claro hace unos días y afirmó: “Espero que quienes tienen que dar crédito estén a la altura de las circunstancias”.

Tal vez esta afirmación constituya un nuevo récord del poder político español. Un récord a la altura del vertiginoso volumen que representan los créditos ICO en el conjunto del sistema financiero español; el 1%.