“¡Pero mira qué eres gilipollas… hijo!” le espetaba la genial Rafaela Aparicio a Fernando Fernán Gómez en una de las secuencias de la película Mamá cumple 100 años.
Y no era para menos, pues a lo que se refería por aquel entonces mamá era a la incapacidad de su agigantado retoño para ser independiente y volar del nido familiar.
Han pasado treinta y cinco años desde que aquella ficción representase, a su manera particular, determinadas zonas de la realidad, y lo cierto es que todo sigue, en la práctica, igual.
Los jóvenes de España no consiguen emanciparse sino cuando ya están a punto de cumplir la treintena, un dato que entre los años 2000 y 2014 apenas ha variado (29,4 años al comienzo del siglo, versus 29,1 en 2014; Eurostat).
De modo que habrá que dilucidar si la emancipación de los jóvenes en Francia o Alemania, que se produce a los 23,7 y 23,8 años de edad, respectivamente, supone o no un importante retardo en la madurez y plenitud intelectual de los jóvenes españoles (y por ende de la sociedad española en su totalidad, pues las generaciones jóvenes de hoy no son sino las generaciones adultas del futuro).
Lamentablemente, todo parece indicar que sí. Especialmente cuando es perfectamente posible verificar el sustancialmente distinto ritmo de velocidad -materializado en un tiempo cercano a los 10 años- que jóvenes de España, Finlandia, Dinamarca y Suecia -29,1, 21,9, 21,2 y 20,8 años de edad al emanciparse, respectivamente- experimentan a la hora de integrarse de forma adulta en la sociedad.
¡Claro que entre las causas -o barreras- del anquilosamiento de la juventud española en el hogar familiar se encuentra el alto nivel de desempleo juvenil -recuérdese que se sitúa en el entorno del 50%-!
Pero seamos serios, por favor; que en el año 2006 la tasa de paro de los jóvenes activos de entre 20 y 24 años no superaba el 15% y la edad de emancipación seguía situándose igualmente por encima de los 28 años.
Una juventud anquilosada quiere decir una juventud drogada, una juventud que, devaluada por las miserables estructuras educativas y culturales de España, no puede producir sino una sociedad cuyo nivel de conciencia crítica y potencial vital se asemeje a la de un niño de 10 años. Y esa sociedad futura sigue siendo, para su propia desgracia, pero también por su propia incapacidad para la insurrección, la de hoy.
Creo que exageras (excesivamente, bastante excesivamente) y equivocas el punto. En primer lugar, porque das por hecho que todo aquel que no ha podido emanciparse es un nini miserable. En segundo lugar, porque no tienes en cuenta la cada vez mayor implicación en obras sociales (voluntariado) de la juventud (muchas veces porque no tienen otra cosa mejor que hacer) y la reciente explosión de actividad politica que demuestra su cada vez mayor implicación social, y en tercer lugar porque la madurez no es lo mismo que la emancipación, ni ésta que la integración social. Aunque influyan.
Eso por no hablar de los distintos condicionantes económicos y culturales que hay entre los países que citas, donde en muchos casos hay ayudas economicas (amén de mayores posibildades de ayudas de la propia familia) que aquí no existen en igual grado y donde el precio de la vivienda y alquiler es «normal» respecto a los salarios (y estabilidad laboral que siempre fue penosa para los jóvenes, incluida la etapa de «prosperidad» que citas). No como aquí que la norma de 1/3 del salario para pagar vivienda sólo se ha cumplido cuando el mercado inmobiliario se ha hundido debido a las altas tasas de paro (vamos, cuando nadie puede pagarlo). Decir que la juventud española es gilipollas y que tiene la mentalidad de un niño de 10 años me parece un poco radical, la verdad.
Nuestra juventud está adormilada, eso es así. Y quizás no toda la culpa sea de los jóvenes… porque los padres y madres también tienen que ser capaces de darles la patada en el culo a sus hijos en un momento dado para que se independicen y maduren. Esto no es nuevo, que lo del complejo de Edipo y Electra por algo se conoce…y es que mientras los estómagos estén llenos y los corazones colmados de cariño familiar, no habrá nación fuerte, creativa e intensa que valga.
Nuestra juventud es gilipollas y no porque le falte estudios, trabajo u oportunidades…si no porque le falta rasmia, rabia, hambre, sed y desdén.
El que ha escrito este artículo es un tío con suerte que ha podido emanciparse del hogar paterno, con la suerte de haber tenido un trabajo y un sueldo digno, o bien es un niño de papá al que le han pagado las cositas una vez se ha emancipado del hogar paterno…
No sé si realmente reírme con una sonora carcajada o decir directamente que el que ha escrito esto es imbécil de libro, porque hoy en día el que puede emanciparse de casa de sus papás es porque tiene un buen sueldo y asegurado por mucho tiempo gracias a un empleo de calidad o bien es porque el que se emancipa lo hace con su pareja aunque uno de los dos cobre un mísero sueldo…, no me vengan con gilipolleces moralistas de madurez e imbecilidades semejantes…
Yo tengo 42 años y jamás he tenido un empleo de calidad y bien remunerado, lo cual me ha ocasionado problemas con parejas que tuve, por la razón de tener sueldos miserables y empleos basura que no me dejaban hacer una vida plenamente digna…, si quieren se lo explico a la cara para que entiendan que es vivir con un sueldo de 650 u 890 Euros…, a mi no me importa…
Para mi este artículo es un panfleto basado en entelequias y no se basa en la auténtica realidad.
Mucha gente no se independiza del regazo paterno por múltiples razones, una de ellas por cuidados parentales, por estudios, por salud nefasta y hasta por sueldos y contratos miserables que no le dan opción a más de uno de salir de casa de los papás.
Un saludo.