He visto en el telediario de la mañana que uno de los terroristas de París no pudo ser detenido en Bruselas porque era de noche. Que las leyes belgas lo impidieron porque, salvo en el caso de flagrante delito (…) o incendio, la policía carece de permiso para actuar a determinadas horas nocturnas. Antes de que se hubiera hecho de día en Bélgica y como el final de la película es lo primero que suelo ver he decidido apagar el televisor. He encendido la radio y he escuchado al presidente del gobierno de la nación decir en una entrevista que no pensaba profundizar en ningún tema que no estuviese relacionado con la economía. Le habían formulado una pregunta sobre un reciente caso de corrupción. He apagado la radio. Ya por la tarde, ojeando un periódico mientras tomaba una infusión, he leído los resultados de una encuesta -otra más- en la que se daba a Sánchez por claro perdedor en el cara a cara realizado el otro día con Rajoy. La ruindad mostrada por el primero había pesado más que la no decencia de este último en una decisión razonablemente adoptada por la mayoría de los encuestados. Por esta causa y porque tampoco se trataba del periódico en el que Miguel Ángel Palomo escribe las reseñas de cine y televisión he vuelto a romper con otro medio de comunicación. Se está haciendo de noche y estoy decidido a no encender la radio ni mucho menos la televisión. He optado por resistir, amotinándome en mi habitación a la espera de no presenciar la prostitución de aspectos tales como la legislación, la economía o una cosa tan simple y valiosa como resulta ser mi propia opinión. Tomaré infusión, café o té, porque estoy convencido de que enseguida comenzará un nuevo y esplendoroso día.