No nos engañemos. El auténtico motor de la economía no es el turismo, la hostelería o el sector exterior. El único y verdadero motor de la economía es la banca.
Recuerdo hace unos años haber leído el libro “Muerte y vida de las grandes ciudades”, de la periodista Jane Jacobs. Su descripción acerca del condicionamiento ejercido por la banca para favorecer el declive de determinados entornos urbanos de Norteamérica me resultó dura, he de decir que hasta incómoda. Cuando un suburbio caía dentro de las inefables listas negras del poder financiero sus posibilidades de regeneración se esfumaban sin solución. Y, sin embargo, es precisamente esta lógica de vetos y vistos buenos que caracteriza a la banca -ya sea a escala local o global-, la que monopoliza, en definitiva, el desarrollo motor en cualquier localización.
Situándonos en el contexto de la economía española más actual, durante el periodo anterior a la última crisis internacional el aumento del crédito vivo destinado al sector privado fue, digámoslo claro, sobradamente innecesario y descomunal, de hasta el 27% y 25% en 2005 y 2006, respectivamente. Me resulta perturbador concebir que la estrategia seguida por la gran banca española hubiese podido consistir en saturar el mercado español hasta la extenuación para emprender acto seguido una ambiciosa expansión por Europa, Norteamérica y Sudamérica.
Pero lo cierto es que desde que se detectaron aquellas famosas y misteriosas perturbaciones en los años 2007 y 2008, el crédito vivo en España inició una profunda caída que se aproxima ya a los 500.000 millones de euros. Y no por ello el rastro del ladrillo se ha, ni mucho menos, evaporado, pues todavía supone en torno al 60% del volumen total.
Evidentemente, la parte del crédito que en el apogeo de la burbuja se destinó a la adquisición de viviendas en plazos de hasta 40 años seguirá incrustada en los balances estadísticos del Banco de España por largo tiempo. La cuestión es, no obstante, si la actual restricción fatal del crédito ha de ser una condena que se deba soportar. El mismísimo presidente del Banco Santander dijo hace unos meses que en 2014 regresaría de nuevo el crédito, pero en lo que va de año las contracciones mensuales han sido cuatro de cuatro hasta abril -el último dato publicado-, lo que hace un total de 39 meses consecutivos de retrocesos.
No es de extrañar, por lo tanto, que una composición de voces cada vez más mayoritaria sea la que esté indicando, ya, una urgente y obligada regeneración sistémica e institucional. Por el momento, las sombras de muerte y vida de la economía y de algunas grandes ciudades norteamericanas como Detroit continúan proyectándose con una leve, pero siniestra, yuxtaposición.