Artículo escrito por Julia Julve

Este artículo es objetivo y está escrito por una mujer. Pretende luchar por la igualdad real o justicia entre hombres y mujeres, que en España -ya les adelanto- no existe. Este artículo desea destruir la mente sumisa y edulcorada de muchas mujeres, que creen que tienen las mismas oportunidades que los hombres y ven en la palabra ‘feminismo’ un concepto pasado de moda, que ya no tiene sentido.

Con este prólogo propositivo, les confieso que -hace unos años- era la primera en criticar el término de ‘discriminación positiva’. Me parecía un concepto injusto y, siendo mujer, prefería vérmelas cara a cara con todos mis contrincantes allá donde fuera, hombre o mujer: una entrevista de trabajo, un aumento de salario, una selección para hacer un curso… Pensaba: “Yo no necesito una ayuda extra como la que puede necesitar una persona discapacitada, yo soy una persona igual de capacitada que los hombres” y sí, capacitadas estamos, y mucho, pero otra cosa es que esta sociedad patriarcal y androcentrista, nos deje meter cabeza así como así.

Igualdad no es Justicia

No somos iguales, no. Pero que esta frase no justifique lo injustificable porque antes de nada, vamos a dejar claros dos conceptos que la gente desconoce: una cosa es el sexo y otra el género. No somos iguales en sexo, es obvio, tenemos cuerpos diferentes. Pero más allá de eso… lo demás es pura literatura y estudios rebatidos. Eso del género y los roles que nos endosan a unos y a otros es algo totalmente inventado. Mujer: sensible, delicada, cariñosa, estructurada, tranquila y hombre: fuerte, competitivo, egoísta, activo. Es falso. No existe. Lo transmitimos generación tras generación en las escuelas, en las casas, en la tele… desde que nuestros bebés nacen. Y que conste aquí que también han sido más que rebatidos y puestos en entredicho esos famosos estudios que dicen que hombres y mujeres usan sus cerebros de formas diferentes. En fin, que nos engañan y mucho. Y más allá de la faceta reproductora, me temo que, le pese a quien le pese, somos bastante parecidos.

Pero vamos con los datos, que animan bastante el asunto. Según el estudio Grant Thornton, mundialmente las mujeres ocupan el 24% de los cargos directivos. Y la cosa ya es de chiste en España donde, por ejemplo, las mujeres suponen el 51% de las personas tituladas superiores, pero, sorprendentemente, sólo el 21% ocupa cargos directivos. Algo bastante generalizado en el resto del mundo a excepción de algunos países como China; economía puntera mundial que tiene a un 51% de las mujeres ocupando los puestos directivos, ¿curioso, verdad?

Según el Instituto de la Mujer del Gobierno de España, las mujeres siguen siendo sólo el 13% del total de miembros de consejos de administración. Y así sigue la historia con cualquier otro organismo que se analice… El Banco de España (dato de 2015) en su representación de los altos cargos, sólo tiene a un 30% de mujeres. En 2014, los altos cargos de la Administración General del Estado (ministras, secretarias de estado, directoras generales, etc.) sólo eran ocupados por un 32% de mujeres. Y atención a la peor cifra… en la presidencia y consejos de administración de las empresas del IBEX hay tan sólo un 15% de mujeres (dato de 2013). Y que conste que no vamos a meternos con los salarios, porque eso da para otro artículo.

Con esta pésima representación en el plano económico, político, empresarial… ¿cómo se van a votar leyes a favor de la igualdad real de las mujeres?, ¿cómo vamos a estar representadas?,  ¿cómo van a respetar de buen grado nuestros derechos?, ¿queremos que los hombres hablen por nosotras por siempre y jamás? La discriminación positiva busca justamente esto, abrir brecha para tener una buena posición desde la que opinar, gobernar… Es necesario un tiempo de cambio en el que se apoye a las mujeres para darles voz y que sean ellas las que ocupen puestos de relevancia y transcendencia hasta conseguir la equiparación. Y dejemos de decir eso de “hay que coger al mejor, sea hombre y mujer”, porque es absurdo. ¿Qué pasa?, ¿que entre el 51% de mujeres licenciadas no hay dos, tres, cuatro o mil mujeres preparadas y excelentes para ser ministras o presidentas de nuestro gobierno? ¡Anda, por dios! No caigamos en los simplismos de algunos becerros y becerras… siempre habrá mujeres buenas para puestos exigentes; es cuestión de querer hacer un proceso de selección justo y transparente. Tan sólo es cuestión de desear justicia para todos.