Sí, ver Salvados desde el sofá es el último placer de la semana. Su producción, montaje y fórmula periodística están marcando época. También es verdad que hay poco donde comparar. Pero no quitemos méritos a nadie, y menos a Jordi Évole, uno de los pocos periodistas, si no el único, que en el bis a bis está capacitado para desarmar hasta el rubor las contradicciones ocultas de su interlocutor.

El último que ha pasado por el trance ha sido el alcalde de Cádiz, José María González Santos, más conocido popularmente como Kichi, a quien el callejón Évole tampoco le sentó especialmente bien cuando el escurridizo periodista -en las entrevistas de Jordi suele suceder que el escurridizo nunca es el entrevistado- sacó a colación el asunto de los buques de guerra construidos por Navantia en la circunscripción de Cádiz (para vendérselos, entre otros, a estados dictatoriales claramente infractores de derechos humanos como Arabia Saudí).

Entonces el Ipad de Évole tiró de historial y apareció el Kichi activista y pre-institucional argumentando de una manera súper locuaz e incontestable cómo deberían bloquearse las provisiones armamentísticas y financieras de los estados promotores del terrorismo internacional, etc… declaraciones que en contraste con su actual posición como alcalde de Cádiz, desde la que no encuentra objeción alguna para que Navantia contribuya a reducir el paro de su ciudad, lograron que se desdibujara así ante la audiencia la integridad de su discurso ideológico.

Dos cuestiones caben preguntarse, ¿cuál es el efecto que en la opinión pública ocasiona la ejecución milimétrica que caracteriza al programa de Salvados? Desde luego, y poniendo por caso la difícil entrevista analizada, el más directo es que la sociedad española pueda concluir que toda la clase política -incluida la nueva, la vieja y sin importar su signo-  encarne una misma condición; la de estar repleta de contradicciones y falsas promesas, una circunstancia que causa, por cierto, un daño tanto más irreparable cuanto mayor es la propuesta de cambio que se haya formulado.

Por otro lado, ¿es posible presentar una propuesta de cambio real desde el sistema político actual? ¿Contribuye a algún tipo de mejora económica y social el programa de Salvados? ¿Opina alguien que no es esa su finalidad? ¿Puede caer una productora televisiva alguna vez en algún tipo de contradicción? ¿Debería Kichi valorar cómo puede hacer más íntegro su discurso político? ¿Tiene resortes institucionales, legales y sociales para hacerlo? Un debate de pura marca España.