* Comparativa de la influencia del sector exterior en la economía española y alemana
* La correlación entre crecimiento de exportaciones y PIB se desvanece en España
Hemos averiguado en las últimas semanas novedades tan importantes en relación a la economía española como que,
1 – El paro registrado en agosto de 2013 se cifró en 31 personas menos sobre un total de 4,7 millones de desempleados.
2- El presidente español, Mariano Rajoy, coincidió durante cinco gloriosos segundos en uno de los pasillos del Palacio de Constantino de San Petersburgo con el presidente estadounidense, Barack Obama, en la última cumbre celebrada del G-20.
3- La Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas) actualizó sus estimaciones sobre el decrecimiento económico de España en el -1,2% para el año 2013, mejorándola en tres décimas sobre la previsión anterior, un -1,5%.
Sólo la elección de la capital española como futura sede olímpica en el año 2020 habría podido soportar los elevados niveles de excelencia que la economía de España experimenta en la actualidad.
Pero la pregunta inicial era, ¿es cierto que gracias a la mejora del comportamiento de las exportaciones la economía española volverá a “crecer”? (véase, también: “decrecer menos”, “suavizar su recesión” o “atenuar su crisis económica”)
Para intentar resolver esta cuestión hemos analizado la relación que en los últimos años se ha podido observar entre:
1- el “crecimiento de las exportaciones” y,
2- el “crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB)”.
Y para ello mostraremos en primer lugar la relación que entre estas dos variables experimentó el país más exportador de la economía europea por excelencia: Alemania.
Observando el gráfico alemán queda clara una cosa. Cuando en el país germano las exportaciones aumentan, su PIB aumenta también. Y al revés, si decrecen sus ventas al exterior, su PIB se contrae también.
De este modo, se puede afirmar sin ningún género de duda que en Alemania existe una correlación positiva y muy precisa entre ambas variables, pues tal y como se puede apreciar en la zona del gráfico que describe los tres últimos años de evolución, conforme se ralentiza el ritmo de crecimiento de las exportaciones alemanas – del 18% al 12% y 3%, respectivamente- se produce al mismo tiempo una moderación paralela en la variación de su PIB – menguando del 4% al 3% y 1%, respectivamente-.
Veamos ahora la misma comparativa pero para el caso español.
En la economía española la correlación entre el crecimiento de las exportaciones y el PIB también fue positiva en el periodo 2005-2009. A crecimientos de las exportaciones españolas respondían crecimientos del PIB, y viceversa.
Sin embargo, esta positiva correlación dejó de respetarse en el año 2010, cuando tal y como se puede observar en la zona redondeada del gráfico en cuestión, a un crecimiento de las exportaciones del ¡18%! dejó de responderle un crecimiento de la producción (se produjo una contracción del 0,2%). Un año después, y ante un nuevo aumento – otra vez considerable- de las exportaciones españolas (15%), el PIB apenas experimentó reacción (0,1%). La gota que colmó el vaso se produjo en el año 2012, cuando una nueva quiebra de la correlación evidenció que a una mejora de las cifras de exportación (4%) le siguió no un crecimiento, sino una contracción de la producción (-2%).
Dicho esto, ¿puede esperarse un crecimiento inminente de la economía española arrastrada por la previsible mejora del comportamiento de su sector exterior? La respuesta la daremos después de la publicidad.
En el caso de Alemania es razonable pensar que ante una mejora de las cifras de su sector exterior dicha circunstancia afecte positivamente a la evolución de su producción. El peso del valor de las exportaciones alemanas en el PIB es superior al 40%. Y debe recordarse que cuando hablamos del PIB alemán, no hablamos de cualquier nimiedad: se trata de una cifra de 2,6 billones de euros que no por casualidad lidera el ranking de PIB de los países de la zona euro.
Volvamos de nuevo a España, haya terminado ya o no la publicidad.
En España el peso del sector exterior en el valor de su producción es abrumadoramente menor. Apenas supera el 20% de una producción que, por cierto, es también muy inferior.
Si analizamos, además, los valores de la balanza comercial de los países europeos (exportaciones menos importaciones), se puede perfectamente observar cómo Alemania, por un lado, presenta un superávit comercial de más de 180.000 millones de euros, mientras que España, por el otro, se encuentra en el extremo opuesto de la balanza comercial con la segunda peor cifra de déficit en la Zona euro (en torno a -30.000 millones de euros en 2012).
Resulta evidente, pues, que la realidad económica de España no debería permitir justificar una estrategia de recuperación en el corto plazo fundamentándola única y exclusivamente en el sector exterior.
Consumo interior, gasto en investigación e innovación, castigo sin paliativos de la corrupción, inversión industrial, persecución penal de la evasión fiscal, continuidad en la apuesta por la energía eólica y solar, así como una planificación más pública y estatal que privada y particular serían variables que de atenderse más corregirían la anómala correlación que actualmente se observa en España entre sector exterior y producción.
Tan sólo dos consideraciones se pueden barajar ante quien pretende argüir que en el contexto de la economía española actual el factor “exportación” constituye la primordial tabla de salvación: o se trata de un ingenuo o su pretensión no es sino articular una estrategia de manipulación de extraordinaria y gran dimensión. Así de claro.
¿Quién ha dicho que exista ninguna estrategia a corto plazo que nos permita salir de la crisis? ¿Por qué debería haberla?
Ha desaparecido el 15% del PIB en España vinculado a la construcción y el crédito fácil.
Eso no se recupera en el corto plazo. Se tardarán años en volver a tener un nivel de actividad similar.