Porque ya lo sabíamos.

Porque los paraísos fiscales ya existían, existen y, probablemente, no existirán.

Porque el capitalismo produce estas reverberaciones.

Porque el fraude fiscal es otra ventaja competitiva más.

Porque sálvese quien pueda.

Porque el dinero hace lo que le da la gana.

Porque el placer del 1% se alcanza a través del dolor -y la ignorancia- del 99%.

Porque la condición humana era esto.

Porque la desigualdad existe, existía y, probablemente, no existirá.

Porque la riqueza y el conjunto de subterfugios que la posibilitan es la única y auténtica patria.

Porque los dueños de los medios de comunicación que han difundido los Panama Papers no se han visto envueltos en el caso.

Porque en pleno siglo XXI siguen existiendo sistemas políticos monárquicos.

Porque a la gente le interesa más la Champions League que la futura subida del SMI.

Porque ninguna crisis económica destruye el dinero; lo redistribuye.

Porque las distintas amnistías fiscales ya habían visto la apuesta. Y la doblaron.