Toda persona que suela seguir con interés el desarrollo de la política desde un blog de economía – ya sea a través de éste, o bien a través de cualquier publicación de más o menos rigor- pudo haber creído ayer encontrarse en medio de una perfecta ensoñación, tras escuchar a determinados medios de información destacar el elogio que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, le habría referido a Rajoy en torno a la reciente evolución de la economía de España y su futura progresión.

Variopintas cuestiones han sido en otras ocasiones dignas de elogio también, como por ejemplo, y sin ir más lejos, la mismísima locura, asunto sobre el que el filósofo y teólogo holandés, Erasmo de Rotterdam, dedicó en el siglo XVI su más –contradictoriamente- lúcida capacidad de análisis y reflexión.

Pero ciñéndonos a la cuestión concreta con la que titulamos el artículo de hoy, e independientemente de que el supuesto elogio de Obama se hubiese enmarcado menos en la realidad que en el mundo onírico de la imaginación, la reciente evolución de la economía española posee unos argumentos que solamente bajo una extraña interpretación podrían generar motivos para la ilusión.

Por poner una serie de ejemplos con datos contrastados de la oficina estadística de la Unión Europea (Eurostat), la economía española experimentó en el último periodo anual, no el más moderado incremento del volumen de deuda pública de la Eurozona, sino el más cuantioso de cuantos se produjeron en la Zona euro. ¿Sería éste uno de los motivos que ocasionó la felicitación de Obama a Rajoy?

En relación al desempleo, por poner otro ejemplo, en España el dato del paro registrado en agosto arrojó una cuantía inferior en relación a la del mes anterior que se cifró en 31 personas menos apuntadas como parados. Con 4,7 millones de desempleados inscritos, ¿es éste el dato que se debe recoger con euforia y satisfacción?

Pero, además, la cifra española de afiliación, esto es, la del conjunto de los trabajadores dados de alta en cualquiera de los regímenes de la Seguridad Social, es conocido que se volvió a derrumbar tras el periodo estival, periodo en el que como también se ha podido comprobar, menos de un 10% de los contratos realizados fueron de carácter indefinido, es decir, que más de un 90% del total fueron de carácter temporal, de ahí que España presente, por consiguiente, las mayores cifras de temporalidad laboral de toda la Zona euro.

Por seguir, podría hacerse mención también a la parálisis que afecta en España al sector de la construcción, desde donde por extensión se observa una crisis hipotecaria de extraordinaria dimensión, según la cual, y a día de hoy, la cifra mensual de hipotecas realizadas es un 85% menor a la de hace 6 seis años, cuando se escrituraban en torno a 156.000 hipotecas (frente  a las 23.000 de hoy).

Entonces, ¿cuál fue la huidiza variable de elogio de la economía española a la que Obama supuestamente hizo mención?

A lo mejor sólo se trató de una mala traducción. Seguramente.